24 de Marzo. Construyendo Memoria por la Verdad y la Justica

En este medio siglo que pasó desde el último golpe de Estado, los argentinos y las argentinas seguimos decidiendo no olvidar, no callar, mantener el pedido de justica y seguir construyendo nuestro camino sin olvidar el pasado. Recordemos abrazando a los que no están.
El 24 de marzo de 1976, hace exactamente 50 años, comenzó la dictadura cívico-militar que dio inicio a la etapa más oscura de nuestra historia. El gobierno de facto estuvo compuesto por la Junta Militar encabezada por Jorge Rafael Videla del Ejército Argentino y un gabinete de ministros en el cual la complicidad de ciertos sectores de la sociedad civil quedó en evidencia, en especial del poder económico concentrado. Su plan: disciplinar políticamente a un pueblo que durante años había luchado contra la proscripción, la desigualdad y la quita de derechos; a su vez, instaurar un plan económico neoliberal de desregulación financiera, apertura de importaciones y endeudamiento público.

El silencio de la sociedad argentina, atravesada por la violencia política de años anteriores y el miedo a la inflación desatada en el último año del gobierno de Isabel Perón, constituyó el ingrediente final para la concreción exitosa del último golpe de Estado en nuestro país. La memoria y la reflexión sobre los hechos acontecidos en aquella fatídica mañana del 24 de marzo deben permanecer presentes para mantener viva la consigna de Nunca Más que se hace carne en nuestra conciencia colectiva.
La historia previa al golpe de Estado
Desde el año 1975 la posibilidad de un golpe de Estado en la Argentina era algo más que un rumor. El gobierno de Isabelita, heredera del Poder Ejecutivo tras la muerte del Presidente Perón el 1 de julio de 1974, no había logrado conducir políticamente al movimiento justicialista dividido entre sus facciones partidista-sindicalista y el movimiento juvenil revolucionario. La tensión política se había traducido en violencia política, atentados y asesinatos.
A su vez, el gobierno fue acorralado por la presión conjunta de las Fuerzas Armadas, con un papel político indebidamente preponderante, y del sector empresario nucleado en organizaciones como la APEGE (Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias) y la Sociedad Rural. Estos actores levantaron el tan desteñido reclamo de orden y austeridad para influir subrepticiamente en las decisiones gubernamentales y alentar un clima de negocios favorable a los grandes capitales, llevando a que el gobierno traicionase su mandato constitucional y popular.

Fue así que durante 1975, Isabel Perón junto a su principal asesor, el ministro de Seguridad Social José López Rega, cedieron poder ante la insistencia de las FF.AA. y el sector empresario. Por un lado, la acción clandestina de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), que desde 1974 había existido como grupo de tareas paraestatal dirigido por López Rega, fue complementado por el Decreto Presidencial N° 261 del 5 de febrero de 1975. Con esta medida, se le otorgó a las FF.AA. la facultad de operar a discreción y con independencia del Poder Ejecutivo sobre la provincia de Tucumán con el objetivo de «neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos».
El Operativo Independencia en Tucumán fue el primer paso por el cual el Estado fue sustituyendo la primacía de la política por la fuerza de las armas. La deshumanización del otro se filtró en la acción de gobierno. Procesos ambos que empalmaron con un discurso que ya venía gestándose a través de los grandes medios gráficos de comunicación, que vinculaban toda forma de militancia política a una idea de subversión pasible de ser suprimida.
Por otro lado, la elección de Celestino Rodrigo como ministro de economía de Isabelita en 1975 tuvo por objetivo congraciarse con los sectores del poder económico. El ministro anunció un plan de reducción de déficit público, aumento de tarifas y tope a los aumentos paritarios, que implicó en los hechos una transferencia de ingresos de los trabajadores hacia el sector empresario y agroexportador. En lugar de reducir la inflación, dicho plan la aceleró y creó caos social y económico a fines de ese año.
Despertando con otro gobierno
Ya había existido un intento de golpe de Estado a fines de 1975 por parte de la Fuerza Aérea, pero fracasó por falta de articulación con las otras fuerzas militares. Eso no volvería a pasar. Durante el verano de 1976, bajo las directivas del Plan Cóndor que ya había alentado la instauración de dictaduras en los países limítrofes con ayuda y financiamiento de la CIA y sus aliados locales, las tres fuerzas prepararon el plan que llamaron «Proceso de Reorganización Nacional».

Durante la madrugada del 24 de marzo, la aún presidenta Isabel Perón se retiró en helicóptero de la Casa Rosada hacia la Quinta de Olivos. Cerca de la 1 AM el helicóptero se desvió y aterrizó en el Aeroparque Jorge Newbery, donde Isabelita fue informada que había sido despojada de la primera magistratura. La soledad y el aislamiento durante esos días de la presidenta constitucional siguen siendo objetos de reflexión y análisis.
Isabel fue llevada detenida por la Fuerza Aérea a Neuquén esa misma noche. Sin perder tiempo, los militares tomaron las estaciones de radio y televisión para pasar a las 3:15 AM el conocido y tristemente recordado Comunicado N° 1 donde se informó que «a partir de la fecha, el país se encuentra bajo el control operacional de la Junta Militar». Firmado por los tres generales que ocuparon los cargos supremos del gobierno de facto, el comunicado repetido durante toda la mañana declaró el estado de sitio y la suspensión de las garantías constitucionales. Fue el inicio del terror.
Durante las primeras horas de la mañana la Junta Militar ocupó ilegalmente la Casa Rosada, sin quejas de un Poder Judicial que actuó como cómplice necesario del suceso. Las grandes empresas de comunicación informaron del hecho de manera tan natural que precisamente «naturalizaron» el golpe de Estado, lo hicieron digerible y hasta necesario para su público lector. No olvidar es releer aquellos titulares.

En la Ciudad de Buenos Aires, trabajadores y trabajadoras fueron llegando a sus lugares de trabajo rodeados en el trayecto de camionetas militares, soldados custodiando los edificios públicos y del silencio sepulcral que siguió al Comunicado N° 1. La normalidad se había roto y por las grietas empezaron a caer aquellos señalados por el nuevo régimen como extremistas, guerrilleros, peronistas, comunistas, disidentes y todo aquel que osó oponerse al gobierno de facto. Los desaparecidos de esa oscura realidad fueron la máxima expresión del terrorismo de Estado iniciado el 24 de marzo de hace 50 años.
La memoria florece en el presente y en Villa Ortúzar
Actualmente hacer memoria es discutir el presente, es juntarse con otros y otras para recordar a aquellos que no están y se siguen buscando. Las comisiones por la memoria surgieron de la voz de familiares, amigos y amigas de los que silenciaron. Son espacios que luchan, que unen, que hacen, que sanan sin olvidar y recomponen desde el pasado hacia el presente los lazos sociales que quiso romper la última dictadura cívico-militar.

En Villa Ortúzar tenemos nuestra propia Comisión por la Memoria, la cual recuerda y mantiene presentes a los desaparecidos que pasaron por nuestro barrio. Con investigación y solidaridad se reconstruyen historias de vida y militancias políticas, formando una red de compromiso ante el pedido de verdad y justicia. Resultado de dicha labor son las «baldosas de la memoria», que recuerdan en el marco organizativo de los Barrios por la Memoria aquellos sitios donde trabajaron, vivieron o fueron secuestrados los hombres y mujeres desaparecidos/as. Parte de esa actividad se tradujo en una cartografía barrial que visibiliza el horror del terrorismo de Estado.
Otro resultado de este trabajo colectivo son las «semblanzas»: afiches con foto y nombre del desaparecido o desaparecida, con información sobre su vida, su militancia, su actividad social, junto a datos del secuestro (lugar y fecha) y su asesinato en caso de conocerse. En las semblanzas se indican datos sobre la posibilidad de reconocimiento de sus restos o de recuperación de la identidad de algún hijo o hija.

Este 24 de marzo muchas semblanzas aparecieron pegadas en el barrio, la memoria florece de mil formas diferentes, pero con una sola consigna: no olvidar a los que no están y la razón de su ausencia. En Villa Ortúzar los recordamos ahora y siempre: Alejandro Fabián Aibar, Carlos Noriega Anta, María Teresa Barvich, Julio Fabián Benítez Reguera, Carlos Alberto «Cacho» Carranza, Héctor Catovsky, Daniel Ariel Cordero, Nélida Filgueira, Martha Filgueira, Ernesto Filgueira, Leonardo Germán Gelpi Cáceres, Sebastián Enrique Mareque, José Sabino Navarro, Oscar Oyarzun Manso, Heber Eduardo O’Niel, Alejandro Víctor Pina, Ana Olga Portiño, Carlos Alberto Rizzo, Patricio Enrique Slamon, Pedro Soler Peña, Mario Podoaetzky, Marcelo Weisz, Esther Wejcman, Benjamín Ernesto Hertzl Glaz, entre muchos y muchas otras que seguimos buscando.



