El Mate del Loco: ajedrez de barrio para volver a encontrarse frente al tablero

Tableros en la vidriera, clases para principiantes, torneos y encuentros abiertos forman parte de la propuesta que Juan Marcelo Cerdeiras puso en marcha en Villa Ortúzar. El proyecto busca recuperar el ajedrez de club, de café y de plaza como espacio de encuentro entre vecinos.
Una vidriera con tableros alcanza para llamar la atención. En las pocas semanas que a partir del mediodía lleva abierto “El Mate del Loco” ubicado en Mariano Acha 1147, Villa Ortúzar; Cerdeiras asegura, en charla con este medio, que varias personas por día frenan, miran hacia adentro, preguntan de qué se trata o se llevan un volante.
Para su fundador, esa reacción confirma una intuición con la que decidió alquilar el local: en el barrio había jugadores y aficionados, pero faltaba un lugar de encuentro estable donde reunirse alrededor de un tablero.

“Yo quería la vidriera”, nos cuenta. Le habían ofrecido espacios más amplios, pero eligió uno que permitiera que el ajedrez se viera desde la calle. Su idea es sencilla: que alguien pueda acercarse, aunque no tenga experiencia, que otro encuentre con quién jugar y que, con el tiempo, el espacio deje de depender exclusivamente de quien lo creó.
Cerdeiras vive desde hace diez años en Villa Ortúzar. Antes de abrir el local, que funciona a partir del mediodía, ya organizaba encuentros y torneos, daba clases particulares y participaba de experiencias vinculadas con el ajedrez social. En marzo comenzó además a coordinar encuentros en La Paternal. El paso siguiente fue instalar un lugar propio en su barrio.
“Quiero generar un lugar de encuentro y de sociabilidad alrededor del ajedrez. Y que el próximo objetivo no lo defina yo solo, sino una comunidad”, resume.

Un lugar para el que sabe y para el que nunca movió una pieza
El proyecto está orientado especialmente a aficionados, principiantes y jugadores de nivel intermedio. Hay clases, talleres de análisis y estrategia, torneos y posibilidades de encuentro para jugar sin una lógica estrictamente competitiva. “Hay gente que me escribe y me dice: «No sé mover las piezas». Y yo le digo: «Vení», los anima.
Cerdeiras insiste en separar dos ideas que muchas veces aparecen asociadas: promover el ajedrez no exige ser un jugador profesional y enseñar tampoco significa ubicarse por encima del alumno. Él ronda los 1500 puntos Elo y dice tener claro hasta dónde puede acompañar a un jugador. Si alguien de mayor nivel busca entrenamiento avanzado, su intención es vincularlo con otros profesores.
“No hace falta ser maestro internacional para dar clases. Depende de a quién le enseñas. Y tampoco hace falta ser un súper jugador para promover el ajedrez”, sostiene.
Eso no significa renunciar a la competencia. El espacio organiza torneos y busca convocar también a aficionados fuertes. Uno de los primeros encuentros reunió a 14 participantes bajo sistema suizo y ritmo 7+3: siete minutos iniciales por jugador y tres segundos de incremento por cada movimiento. La idea es alternar esas propuestas con actividades por nivel, para que quienes recién empiezan no tengan que enfrentarse con jugadores mucho más experimentados.

En cuanto a aranceles, no hay por ahora una cuota social fija. Se pagan determinadas actividades como clases, talleres o torneos y el objetivo es mantener valores accesibles. Antes de hablar de “club”, Juan explica que quiere garantizar una programación estable y construir una comunidad real.
Del ajedrez online a volver a mirarse frente al tablero
El crecimiento del ajedrez por internet atraviesa buena parte de la conversación. Para Cerdeira, la pandemia, la expansión de las plataformas digitales y fenómenos culturales como la serie “Gambito de dama” acercaron a mucha gente al juego. No considera que la pantalla y el tablero físico sean enemigos: cree que pueden complementarse.
“Antes, el que quería jugar una partida por día tenía que ir a un club o a una plaza. Ahora desde tu casa podés jugar diez partidas. Eso es una ventaja enorme”, señala. Pero hay algo que, para él, la computadora no reemplaza: el vínculo con la otra persona.
En una partida online, explica, el análisis posterior suele hacerse con un motor que marca errores y mejores jugadas. Frente a un tablero, en cambio, el final puede continuar con una charla: “¿Por qué jugaste esto?”, “¿Qué viste?”, “¿Qué estabas calculando?”. Ese intercambio es parte de lo que El Mate del Loco intenta recuperar.
“Está buenísimo el ajedrez online, pero salí de la pantalla, veni y mirale la cara al adversario”, resume. También describe diferencias menos evidentes. Sostiene que el tiempo se percibe de otra manera ante un tablero físico y aparece además el adversario real: sus movimientos, silencios y hasta la manera de mirar una zona del tablero.
Ahí entra lo psicológico. Cerdeiras repite una máxima: “No hay partida más difícil de ganar que una partida ganada”. La frase apunta a lo que ocurre cuando alguien se siente vencedor antes de tiempo, se relaja y termina permitiendo que la posición se dé vuelta.
Por qué “El Mate del Loco”
El nombre surge del llamado mate del loco, la forma más rápida en que puede terminar una partida: un jaque mate posible en apenas dos movimientos de las negras si las blancas debilitan de forma extrema la defensa de su rey.
Pero Cerdeiras buscó algo más que una referencia técnica. Quería un nombre informal, alejado de la solemnidad que a veces rodea al ajedrez, y lo vinculó con una leyenda que utiliza para hablar de humildad: la historia de un rey convencido de conocer el mate más veloz, el jaque mate pastor, hasta que un forastero le demuestra lo contrario.
El logo también juega con esa idea. Combina elementos de las piezas de la corte con la figura del bufón, un personaje que podía entretener al rey y, al mismo tiempo, desafiar ciertos códigos.
Hay además una referencia personal. Antes de instalar el espacio, dio clases de manera voluntaria en instituciones vinculadas con la salud mental y en hospitales de día. Hoy continúa una experiencia en el Hospital Tornú. Allí, explica, el objetivo no pasa por formar competidores sino por ofrecer una actividad y permitir que cada participante descubra que puede enfrentarse a un juego complejo.
“El rival es un compañero de aprendizaje”
Cuando habla de lo que puede aportar el ajedrez, Cerdeiras evita reducirlo a ganar o perder. Lo define como una práctica que obliga a tomar decisiones, asumir consecuencias y revisar errores. “El rival no es solamente alguien a derrotar; es un compañero de aprendizaje. Cuando te gana, también te está enseñando en qué te equivocaste”.
Las reglas de la Federación Internacional de Ajedrez contemplan asistentes para jugadores que no pueden mover las piezas por sí mismos y disposiciones específicas para jugadores ciegos o con discapacidad visual. En ese sentido el ajedrez resulta ser el deporte mas inclusivo.
Asimismo, la Ciudad también utiliza el ajedrez con un enfoque educativo. Su programa de Ajedrez Escolar lo presenta como juego, práctica cultural y espacio de encuentro, y organiza talleres y torneos para estudiantes de primaria y modalidad especial. En 2025, el Gobierno porteño informó que llegaron a más de 18.000 alumnos en más de 190 escuelas.
Juan percibe ese fenómeno cuando pasa una familia por la puerta y algún chico reconoce inmediatamente los tableros. «Muchos llegan porque aprendieron en la escuela o porque alguien de la familia les enseñó», indica.
Una tradición que encuentra nuevos formatos
La Argentina tiene una extensa historia ajedrecística. Durante la entrevista aparecen Miguel Najdorf y Oscar Panno, dos referencias de la etapa dorada del país. Panno fue campeón mundial juvenil en 1953, integró el equipo argentino subcampeón olímpico en Ámsterdam 1954 y obtuvo la medalla de oro individual en el segundo tablero de la Olimpíada de La Habana de 1966.
Hoy esa tradición convive con una generación que volvió a colocar al ajedrez argentino en la conversación pública. Faustino Oro alcanzó en octubre de 2026 el primer puesto entre los argentinos en el ranking Elo de la FIDE y ya había ocupado el primer tablero del seleccionado nacional en la Olimpíada de Samarcanda.
Pero El Mate del Loco se propone trabajar en otra escala. No busca producir necesariamente al próximo gran maestro. Busca recuperar al vecino que jugaba hace veinte años, al chico que aprendió en la escuela, a quien solo juega por internet o al que siempre miró partidas desde afuera porque pensó que “no estaba a la altura”.
Cerdeiras recuerda que esa imagen elitista todavía pesa. Por eso, cuando alguien le dice “soy muy malo”, responde con otra pregunta: “¿Con quién jugas?”. Para un torneo fuerte puede tener un nivel bajo; frente a familiares o amigos, quizás sea el mejor de la mesa. Lo decisivo, plantea, es qué quiere hacer cada uno con el juego.
El objetivo: que el barrio se apropie del espacio
Hay una idea que aparece una y otra vez durante la entrevista: el proyecto estará realmente consolidado cuando deje de depender solamente de su fundador quién incluso llegó a diseñar un logo con la expresión “Ajedrez Villa Ortúzar”, pero decidió guardarlo.
“¿Quién soy yo para apropiarme del nombre del barrio y decir que el ajedrez de Villa Ortúzar soy yo?”, se pregunta. Preferiría que, si dentro de un año el espacio tiene una comunidad estable, sean los propios participantes quienes propongan avanzar hacia una identidad de club, afiliarse a una federación o desarrollar nuevas actividades.
Imagina un circuito más amplio: encuentros en cafés tradicionales, mesas en la vereda durante el verano, acuerdos con escuelas y profesores que se acerquen a dar clases.
Su imagen ideal es más simple: alguien escribe en el grupo de WhatsApp que quiere jugar al día siguiente y otro vecino, a quien todavía no conoce, responde que se suma. Cerdeira abre el local, los dos se sientan frente al tablero y empiezan una partida. “Yo los puedo juntar, dice. No puedo obligarlos a ser amigos”.
Tal vez ahí esté la definición más precisa de El Mate del Loco: no tanto un lugar que pretende enseñar todas las respuestas del ajedrez, sino uno que pone el tablero en el medio para que el resto empiece a suceder.
Para consultar sobre sus actividades:
Cuenta de Instagram Mate del Loco
WhatsApp: 116834-7931




