Inquilinos en crisis: el 70% está endeudado, recorta en alimentos y afronta mudanzas forzadas

Un informe de Inquilinos Agrupados mostró un fuerte deterioro en materia habitacional. El 17% tuvo que mudarse por no poder pagar, crecen las dificultades para sostener la vivienda y cada vez más familias recortan gastos básicos como la alimentación.
Alquilar en la Argentina se volvió aún más difícil. En un contexto de fuerte presión sobre los ingresos, una encuesta trimestral realizada en todo el país por la organización Inquilinos Agrupados puso al descubierto la angustia económica que padecen quienes deben afrontar un alquiler.
El relevamiento, difundido bajo la consigna “Crisis en vivienda es crisis social”, muestra que el problema habitacional dejó de limitarse al pago del alquiler y ya atraviesa otras dimensiones de la vida cotidiana: las familias cada día se endeudan más, recortan gastos en alimentos, hay mayor inestabilidad laboral y serias dificultades para mantener su hogar.
La caída del salario y la inestabilidad laboral ganan centralidad
La preocupación por el salario y el empleo apareció por primera vez por encima de la vivienda entre los temas que más inquietan a las personas consultadas: el 96,4% señaló al salario, el 94,6% al empleo y el 94,3% a la vivienda.

Uno de los datos más duros del informe es que el 17,2% de los inquilinos tuvo que mudarse por no poder pagar el alquiler:
- En la Ciudad de Buenos Aires, ese porcentaje fue del 9,4%.
- En la provincia de Buenos Aires llegó al 20,2%
- En Neuquén alcanzó el 33,3%
- Córdoba el 23,1% y en Santa Fe el 11,9%.

La encuesta también advierte sobre la frecuencia de los aumentos. Según los resultados difundidos, el 70% de los inquilinos afronta subas cada tres o cuatro meses, una dinámica que, de acuerdo con la organización, vuelve casi imposible planificar gastos y sostener el pago mensual con ingresos que no acompañan ese ritmo.
A eso se suma el peso cada vez mayor del alquiler sobre el salario. El relevamiento muestra que un tercio de los hogares destina menos del 30% de sus ingresos a la vivienda, otro tercio usa cerca del 50%, y el sector más golpeado debe asignar entre el 60% y el 100% del ingreso solo para pagar el alquiler.
Más trabajo, más deuda y menos margen para vivir
El informe también pone el foco en el deterioro laboral detrás de esa ecuación. El 46% de las personas encuestadas dijo tener más de un trabajo, el 14% perdió algún empleo y el 30% tuvo que sumar otra ocupación para intentar sostener los gastos del hogar.
En paralelo, crece el endeudamiento. De acuerdo con la encuesta, el 70,9% tiene deudas activas. Entre los motivos, el 53,2% se endeudó para comprar alimentos, el 38,9% para pagar el alquiler y el 65,2% recurrió a tarjetas de crédito.
El ajuste ya no pasa solo por postergar compras o reducir salidas. También impacta en la alimentación. El trabajo indica que el 65,1% recortó gastos en comida y que el 29,7% hace apenas una o dos comidas por día. Además, el 89,6% aseguró haber tenido que recortar gastos del hogar, mientras que solo uno de cada diez afirmó no haber ajustado en ningún rubro.
Jubilados e inquilinos: una combinación cada vez más frágil
Dentro del universo relevado, la situación de los jubilados inquilinos aparece entre las más delicadas. El informe señala que el 41,7% hace una o dos comidas por día, el 72,2% recortó en alimentos y el 86,1% destina el 40% o más de sus ingresos al alquiler.
El relevamiento también marca un cambio estructural: la aparición de una “segunda generación inquilina”, una idea que apunta a mostrar que la herencia deja de funcionar como vía de acceso a la vivienda propia. En la Ciudad de Buenos Aires, esa situación alcanza al 51,6% de los casos relevados.

Una crisis que excede al alquiler
Desde Inquilinos Agrupados señalaron que las condiciones de acceso a la vivienda no pueden pensarse como un problema individual, sino como una cuestión ligada a las políticas públicas. En ese sentido, sostuvieron que mientras se agrava la situación de los hogares inquilinos, también se profundiza la transferencia de ingresos hacia el sector que vive de la renta.
El informe deja una conclusión de fondo: la crisis de vivienda ya no se expresa solo en la dificultad de firmar o renovar un contrato. También aparece en la mesa, en el trabajo, en las deudas y en la imposibilidad de proyectar. Para miles de familias, alquilar ya no implica solo pagar un techo, sino reorganizar toda la vida para no perderlo.




