¿Por qué el 21 de septiembre es el día del estudiante?

¿Por qué el 21 de septiembre es el día del estudiante?

Con el comienzo de la primavera, los estudiantes de todo el país festejan en parques, plazas y en las propias escuelas el día que los homenajea. ¿Pero por qué se eligió este día? Investiguemos el pasado y aprendamos algo nuevo o refresquemos nuestro conocimiento como buenos estudiantes.

El día del estudiante recuerda la fecha en que fueron repatriados los restos del expresidente e importante figura de la educación nacional, Domingo Faustino Sarmiento, un día como hoy 21 de septiembre pero del año 1888, es decir, hace 138 años. Vale recordar que Sarmiento había emigrado a Asunción de Paraguay ese mismo año, en busca de un clima más cálido que aliviara el padecimiento respiratorio crónico que durante sus últimos años lo tuvo en jaque.

Si bien la muerte de Sarmiento a la edad de 77 años conmocionó al país, rápidamente el gobierno nacional, en ese entonces a cargo del presidente Miguel Juárez Celman, inició los contactos con su par paraguayo para tramitar el viaje del cuerpo a la Argentina. Los restos de Don Domingo reposan desde su llegada en el Cementerio de la Recoleta y el 11 de septiembre, día de su fallecimiento, se conmemora el día del maestro.

Mausoleo de Sarmiento en el Cementerio de la Recoleta

¿Pero cómo se decidió que el 21 de septiembre se convirtiera en el día del estudiante? Aquí aparece otra figura histórica de menor relieve, pero de importante trayectoria profesional: el arqueólogo Salvador Debenedetti, cuya iniciativa de recuerdo universitario del gran educador se transformó en ejemplo para toda la Argentina.

Debenedetti, el creador del día del estudiante

Corría el año 1902 cuando un estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, amante del estudio del pasado, tuvo la iniciativa de conmemorar a la figura de Sarmiento y al mismo tiempo celebrar a aquellos que consagran su vida a estudiar y a formarse como ciudadanos y futuros profesionales. Ese estudiante que a la postre también era el presidente del Centro de Estudiantes de dicha Facultad, era Salvador Santiago Lorenzo Debenedetti. Su propuesta, que rápidamente fue adoptada en la vida universitaria, con los años se extendió a distintos ámbitos estudiantiles hasta llegar a la actualidad.

La iniciativa de Debenedetti, catorce años después de la recuperación de los restos de Sarmiento, tuvo un objetivo claro en una coyuntura compleja para la Argentina: la valorización de un presidente histórico que había impulsado la educación en la Argentina y que además había sido un ejemplo de estudio y dedicación. Durante esos primeros años del siglo XX, atravesados por la inmigración y la búsqueda de consolidar una identidad nacional, así como formar un panteón de héroes patrios, la figura del “padre del aula” se presentó como un importante factor de promoción de los valores educativos y ciudadanos.

Salvador Debenedetti

Sin embargo, la historia de Salvador Debenedetti fue mucho más que este hito. Durante sus estudios, conoció a un prócer de la antropología argentina, a Juan Bautista Ambrosetti, con quien realizó excavaciones fundamentales en la provincia de Jujuy. En sus trabajos de campo entre 1908 y 1910 lograron hallar y restaurar el Pucará de Tilcara, importante construcción omaguaca ocupada por los incas, el cual se convirtió luego de su hallazgo en un centro arqueológico fundamental de la Argentina que depende actualmente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Luego de recibirse en 1909, el doctor Debenedetti siguió profundizando la ciencia arqueológica y antropológica argentina y fue director del Museo Etnográfico de la Universidad de Buenos Aires. Sus investigaciones sobre la prehistoria de nuestro suelo y su pasión por la investigación arqueológica le permitieron ganarse un lugar entre los referentes de esa disciplina junto a Ambrosetti, su mentor. Precisamente, los restos de ambos descansan en Tilcara junto al Pucará al que consagraron tanto esfuerzo y estudio.

Pirámide monumento en Tilcara en homenaje a Juan Ambrosetti y Salvador Debenedetti

Sarmiento, el estudioso en medio del conflicto

Político, militar, escritor, periodista, tantas fueron las facetas en las que se destacó Domingo Faustino Sarmiento en su vida pública que es difícil abarcarlo solamente desde su acción como impulsor de la educación argentina y como estudiante de todo lo que encontró durante su vida.

El 15 de febrero de 1811 nació en un barrio humilde de la ciudad de San Juan, Faustino Valentín Quiroga Sarmiento, tal como fue bautizado. Con los años, su nombre se fue modificando al reemplazar el Valentín por el Domingo debido a la devoción de su madre, Paula Albarracín Irrazabal, a Santo Domingo. Asimismo, el apellido Quiroga ligado al famoso caudillo riojano con el cual Sarmiento compartió parentesco, fue dejado de lado en su uso precisamente por esta filiación con quien Don Domingo consideró su antítesis política. Así fue como su nombre quedó compuesto como lo conocemos.

Ya desde muy pequeño Sarmiento mostró grandes aptitudes como estudiante, aprendiendo a leer a los cuatro años gracias a los esfuerzos de su padre José Clemente Quiroga Sarmiento y su tío José Manuel Eufrasio Quiroga Sarmiento. En 1816 entró a una de las “Escuelas de la Patria” fundada en su ciudad por el Gobierno de la Revolución de Mayo, en la cual siguió demostrando su curiosidad y sus capacidades. Su hambre de conocimiento lo llevó a leer más allá de lo enseñado en la escuela, aprendiendo sobre filosofía griega, historia romana y leyendo clásicos universales. Incluso de adolescente comenzó a impartir clases a niños en un pequeño rancho reacondicionado.

Rancho donde Sarmiento impartió clases a los 15 años en San Francisco del Monte de Oro, San Luis

Siendo testigo en primera persona de la invasión a San Juan del caudillo riojano Facundo Quiroga, este hecho marcó profundamente su visión negativa de la postura federal y quizás fue uno de los motivos que lo llevó a querer alejar a la población de las acciones armadas y acercarlos a las aulas. Tal vez como forma de pacificación de un país que Sarmiento vivió con cruda violencia o tal vez como forma de amoldar a la sociedad a un orden no siempre justo. Lo cierto es que, desde su posterior labor como periodista y político, Sarmiento siempre abogó por la educación pública y contra el federalismo.

Sarmiento, el político que multiplicó aulas

Como una de las mejores plumas latinoamericanas del siglo XIX, Sarmiento en su obra Facundo, Civilización y Barbarie dejó asentada la posición que caracterizó las luces y sombras de su futura política: la necesidad de alfabetizar a la población para eliminar los rastros de lo bárbaro que él focalizó en el gaucho, lo rural y lo federal. Con gran empeño intelectual, Don Domingo supo construir en el exilio esta postura que lo enfrentó al rosismo primero y luego a la Confederación Argentina liderada por Urquiza.

Portada de una antigua edición de la obra Facundo, Civilización y Barbarie en Las Pampas Argentinas

Con la unificación nacional, tras la victoria del proyecto mitrista en 1861, Sarmiento volvió al país para tomar las riendas de la gobernación de su provincia, San Juan, y poner en acción aquello que había promulgado en sus obras. Gran parte de su esfuerzo estuvo dirigido a robustecer el sistema educativo provincial, dictando la Ley Orgánica de Educación Pública que impuso la enseñanza primaria obligatoria y por la cual se crearon escuelas para los distintos niveles de educación (primaria, preparatoria, industriales). Sin embargo, el conflicto desatado con el caudillo federal Chacho Peñaloza y la intromisión del Gobierno Nacional lo alejaron del gobierno provincial, al cual renunció en 1864.

Ante esta situación y como forma de reparar el daño causado, el presidente Mitre lo nombró ministro plenipotenciario ante Estados Unidos, país al que viajó de inmediato y en el que conoció métodos de enseñanza del modelo escolar norteamericano de Horace Mann pudiendo valorar la formación profesional de sus docentes. El progreso material y académico de EE.UU. asombró tanto a Sarmiento que cuando fue presidente trajo maestras norteamericanas para aplicar el mismo modelo educativo, aunque las complicaciones del lenguaje dificultaron su rápido desarrollo.

Precisamente, en 1868 Sarmiento seguía en EE.UU. cuando Adolfo Alsina, Aurelia Vélez Sarsfield y otros dirigentes importantes de Buenos Aires lo postularon como candidato a presidente de la Nación. En base a su prestigio intelectual y casi sin campaña política, Sarmiento fue elegido como presidente de Argentina entre 1868 y 1874.

Aunque su gobierno no estuvo exento de los problemas de la época, la Guerra de la Triple Alianza en el frente externo y los conflictos con los caudillos federales en el ámbito interno, en materia educativa Sarmiento tuvo un accionar que se convirtió en paradigma y ejemplo de la historia argentina. Con el diagnóstico que le brindó el primer censo nacional en 1869, el “padre del aula” atacó con ahínco el fuerte analfabetismo que superaba el 70% de la población.

Observatorio Astronómico de Córdoba fundado por Sarmiento el 24 de octubre de 1871

La construcción de más de 800 escuelas, la formación de maestros y maestras a través de las escuelas normales (la primera escuela Normal fue creada en Paraná en 1870), la multiplicación de los estudiantes en las aulas primarias a través del fortalecimiento de la educación pública y gratuita, la creación de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares, y el desarrollo de facultades e instituciones científicas como el Observatorio Astronómico de Córdoba, entre otras tantas medidas, fueron parte de una política educativa que fue valorada por los ciudadanos de generaciones futuras. Entre ellos, Salvador Debenedetti que agregó una fecha conmemorativa al calendario estudiantil que, a pesar de no ser feriado, se mantiene como una fecha de fuerte carga histórica y política.  

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