La Semana de Mayo: ¿Qué pasó entre el 18 y el 25 de Mayo de 1810?

Cuando evocamos la Revolución que dio origen a nuestra Nación, solemos recordar los hechos del 25 de mayo: los vecinos reunidos en torno al Cabildo, French y Beruti con el primer esbozo de escarapela y la formación de la Primera Junta como primer gobierno patrio. Sin embargo, ese día fue la culminación de una semana entera de debates, presiones, marchas y contramarchas que también merecen ser recordadas.
Para entender la Semana de Mayo es necesario comprender la particularidad de Buenos Aires dentro del Virreinato del Río de la Plata. Lo que ocurrió en la capital virreinal estuvo vinculado con un clima político, cultural y económico propiamente porteño, que no se repitió de la misma manera en otras regiones y ciudades del Virreinato.
A nuestra ciudad portuaria llegaban, antes que a cualquier otro lugar, las noticias de Europa. Con ellas también habían desembarcado las ideas de la Ilustración, que comenzaron a despertar una nueva conciencia política entre quienes pensaban el destino de estas tierras. En Buenos Aires también vivían los principales defensores del libre comercio ante el monopolio español: allí se encontraban los grandes comerciantes, circulaba la riqueza y se hallaba la aduana como símbolo e instrumento de poder. Por último, la defensa porteña ante las invasiones inglesas de 1806 y 1807 había dejado en los porteños una sensación inédita de autonomía y de capacidad para organizar su propia defensa, semilla de la futura independencia.

De esta forma, cuando el 14 de mayo llegó a Buenos Aires la noticia de la caída de la Junta de Sevilla ante Napoleón, se comenzaron a vivir días agitados en la ciudad portuaria. La sensación de orfandad ante la pérdida de una autoridad en España se unió a las ideas de libertad e igualdad que ya circulaban entre los criollos ilustrados. La posibilidad de autogobierno y de un desarrollo económico independiente comenzó a abrirse camino día tras día, desembocando en la semana de mayo.
Viernes 18 de Mayo de 1810
La derrota de la Junta Suprema Central de Sevilla, creada en 1808 en nombre del cautivo Fernando VII, se extendió por las tierras rioplatenses como una noticia capaz de trastornar todo equilibrio. Frente a ese escenario, el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros intentó sostener el orden con una proclama: pidió fidelidad a la Corona, sugirió una regencia entre los virreyes americanos y denunció a los supuestos conspiradores que amenazaban con quebrar la unidad del reino. Sin embargo, la proclama no sólo no calmó los ánimos, sino que aumentó los debates políticos en Buenos Aires y aceleró la iniciativa de los criollos.

Esa misma jornada, nombres que luego serían decisivos, como los de los abogados Belgrano, Moreno y Castelli y los comerciantes Larrea, Matheu y Alberti, se reunieron con urgencia. No era la primera vez: desde hacía tiempo realizaban reuniones secretas en la Jabonería de Hipólito Vieytes para compartir ideas y proyectos para un gobierno propio y autónomo. Pero aquella noche, en la casa de Nicolás Rodríguez Peña, el intercambio tuvo otro tono. Había llegado la hora de cuestionar la autoridad del virrey y de exigir la convocatoria a un Cabildo Abierto.
Sábado 19 de Mayo de 1810
La reunión en la casa de Rodríguez Peña se extendió durante la madrugada. A la mañana las reuniones se multiplicaron entre aquellos que vislumbraron la posibilidad de formar un gobierno nuevo. Los debates se centraron en su legitimidad: ¿debía tratarse de una autoridad provisoria hasta el regreso del rey?, ¿o era el pueblo americano quien debía asumir ahora la soberanía? En medio de esas dudas y convicciones, Manuel Belgrano y Cornelio Saavedra llevaron al alcalde de Buenos Aires la solicitud formal para convocar a un Cabildo Abierto.

Domingo 20 de Mayo de 1810
Al enterarse del pedido de un Cabildo Abierto, el Virrey Cisneros comprendió que el suelo comenzaba a moverse bajo sus pies. Por eso reunió a los jefes de las milicias, entre ellos Saavedra, cuya influencia había crecido enormemente después de las invasiones inglesas. Necesitaba apoyo para sostener su autoridad frente a una posible sublevación, pero halló vacilaciones, distancias y rechazos. La legitimidad del virrey se desgastaba con rapidez, mientras en la ciudad ganaba fuerza la idea de un nuevo gobierno. Esa noche, Juan José Castelli y Nicolás Rodríguez Peña le llevaron personalmente la petición del Cabildo Abierto. Acorralado por la presión y la debilidad de su posición, Cisneros terminó por convocarlo para el 22 de mayo.
Lunes 21 de Mayo de 1810
Con el inicio de la semana, el Cabildo abrió sus puertas para abordar los temas comunes referentes a la administración de Buenos Aires. Sin embargo, durante la mañana se presentó una muchedumbre en la Plaza de la Victoria para solicitar la convocatoria a un Cabildo Abierto. Si bien el Virrey Cisneros se había comprometido a su convocatoria, la presión de los vecinos en la plaza liderados por Domingo French y Antonio Beruti y posiblemente planeada por Belgrano y los demás criollos revolucionarios, tuvo la intención de no dar margen de maniobra al poder virreinal.

Aquella multitud, compuesta por alrededor de seiscientas personas, reunió tanto a vecinos reconocidos como a jornaleros y hombres del pueblo. Se manifestaron en nombre de Fernando VII y llevaron muchos de ellos una cinta blanca que, en apariencia, simbolizaba la unión entre España y América. No obstante, hoy sabemos que también funcionó como una señal de identificación entre quienes impulsaban el Cabildo Abierto. Más allá de estos símbolos, la escena dejó expuesto algo más profundo: la autoridad del virrey se había debilitado a la vista de todos.
Martes 22 de Mayo de 1810
El Cabildo Abierto del 22 de mayo reunió a los vecinos convocados para decidir el destino político de Buenos Aires. De los 450 invitados -varones residentes, propietarios en su mayoría y de buena reputación dentro del ámbito porteño- asistieron apenas unos 250, pero bastaron para abrir una discusión decisiva. Los debates comenzaron temprano y se prolongaron por más de cuatro horas. Todos coincidieron en la destitución de Cisneros como Virrey y en la formación de un nuevo órgano de gobierno. En lo que no se pusieron de acuerdo fue quién o quiénes debían asumir el poder y en su organización gubernamental. Castelli, Saavedra, Moreno, Paso y muchos otros tuvieron arduas polémicas en torno a la nueva forma de gobierno, mientras algunos vecinos españoles siguieron defendiendo la autoridad virreinal.
Para los revolucionarios como Belgrano, Moreno y Castelli, aquella jornada abría la posibilidad de ejercer la soberanía del pueblo sobre la base de ideales como la libertad y la igualdad. Pero no sólo debieron enfrentarse a quienes rechazaban cualquier transformación: también discutieron con quienes sostenían posiciones más prudentes, más conservadoras o ligadas a intereses personales, como los casos de Saavedra o Manuel de Sarratea. Finalmente, llegó la votación. Uno por uno, los vecinos expresaron en voz alta si Cisneros debía cesar en su cargo y si el poder debía quedar en manos del Cabildo o de una Junta de Gobierno. Cada palabra quedó asentada en las actas, como si ya entonces se supiera que el porvenir estaba tomando forma en esas voces.

Miércoles 23 de Mayo de 1810
A la mañana siguiente, los cabildantes recontaron los votos anotados en actas y anunciaron la destitución de Cisneros como virrey. De manera provisoria, el poder quedó en manos del Cabildo hasta la formación de una Junta gobernante. Sin embargo, la historia aún no había dado su giro definitivo. Cisneros, lejos de resignarse, utilizó toda la influencia que todavía conservaba para intentar mantenerse en el centro del nuevo orden que estaba naciendo.
Jueves 24 de Mayo de 1810
La confabulación de Cisneros y los españoles residentes en Buenos Aires dio sus frutos. La Junta que se anunció en el Cabildo estaba presidida por el mismo Cisneros y cuatro vocales, dos españoles y dos criollos. Ante esta situación, Castelli y Saavedra como vocales criollos designados renunciaron de inmediato, mientras en la Plaza de la Victoria nuevamente se congregó el pueblo para rechazar un gobierno encabezado por el mismo hombre cuya autoridad se pretendía reemplazar. A horas de la noche, luego de la presión de los jefes de las milicias y con la ciudad convulsionada, Cisneros renunció a su designación. La Junta se disolvió y durante la noche los criollos revolucionarios comenzaron a tejer planes para formar un gobierno verdaderamente nuevo sin ataduras al sistema virreinal.
Viernes 25 de Mayo de 1810
Bajo la lluvia y el frío del otoño, los vecinos y las damas de Buenos Aires, así como jornaleros y pequeños comerciantes urbanos, se reunieron desde temprano alrededor del Cabildo. Con French y Beruti, aliados de Mariano Moreno, incitando a la multitud a reclamar por un gobierno soberano y organizando al pueblo en base a listones de color blanco y azul, la Plaza de la Victoria se convirtió en un instrumento de presión política.

Luego de varias horas de discusiones, de pujas entre los jefes de las milicias, representados principalmente por Saavedra, y las figuras más radicales, como Moreno, se decidió formar un nuevo órgano de gobierno que se conoció posteriormente como Primera Junta, integrada por el presidente Cornelio Saavedra; los secretarios Mariano Moreno y Juan José Paso, seis vocales: Manuel Alberti, Miguel de Azcuénaga, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Juan Larrea y Domingo Matheu. Aunque la nueva Junta declaró ejercer la soberanía en nombre de Fernando VII, en el fondo comenzó a abrirse otro horizonte. Sin tener todavía una forma definitiva, el gobierno criollo avanzó hacia una aspiración más profunda: la de construir autonomía, con libertad e igualdad para los habitantes de estas tierras.




