Ruk-Fé: una historia de trabajo e inclusión que crece en Parque Chas

Ruk-Fé: una historia de trabajo e inclusión que crece en Parque Chas

La Asociación Civil Ruka Amigos impulsa en la Plaza Éxodo Jujeño un programa de participación social para personas con discapacidad. A través de Ruk-Fé, jóvenes se capacitan, preparan café, atienden al público y trabajan en equipo, en una experiencia que busca fortalecer su autonomía e inclusión social.

En la esquina de Bauness y Gándara, en el barrio de Parque Chas, un nuevo carrito de café comenzó a darle una dinámica diferente a la Plaza Éxodo Jujeño, conocida por los vecinos como «la placita del Trébol». Detrás del mostrador hay jóvenes que preparan café, sirven galletas y medialunas, atienden a los vecinos y se ocupan de la caja. Pero el proyecto es mucho más que una propuesta gastronómica: es una experiencia de inclusión, participación y entrenamiento laboral.

La iniciativa es impulsada por la Asociación Civil Ruka Amigos, una organización que trabaja desde hace 15 años junto a adolescentes, jóvenes y adultos con discapacidad intelectual y del desarrollo. Está presidida por Martín Torres, Lic. Terapia Ocupacional y Mg. en Discapacidad e inclusión.

Su misión y la de todos los integrantes de la asociación es trabajar con ellos “promoviendo la inclusión a través de programas de participación social activa” en diferentes áreas: ocio y tiempo libre, juego, participación social y trabajo.

Sergio junto a Luna y Abril en plena jornada de trabajo – Foto: Periódico Villa Ortúzar

Un proyecto que nació de los propios jóvenes

“En realidad es una construcción conjunta”, explica Sergio, integrante de Ruka. La idea, no fue imponer una actividad sino construirla junto a ellos, escuchando sus intereses y necesidades».

En un día de mucho frío, el café sale humeante de la máquina y Pepe, uno de los jóvenes que trabaja allí, lo sirve con concentración. Me cuenta que hace años había trabajado junto a sus padres en una fiambrería y también en una pizzería, pero con el tiempo había perdido práctica. Ahora volvió a ponerse detrás de una máquina de café y reconoce que está recuperando aquellas habilidades. “Me gusta vender y me estoy acostumbrando”, explica.

A su lado, Luana está en la caja. Abril prepara el café y también ayuda a servir las galletas y las medialunas. Mili se ocupa de atender a los clientes y colaborar con el servicio. Las tareas se van alternando entre ellos.

Es un miércoles más sobre la calle Bauness y Gándara, en Parque Chas en el límite con Villa Ortúzar, pero para estos jóvenes no es una tarde cualquiera: es una jornada de trabajo y aprendizaje.

El proyecto busca brindar herramientas para la autonomía de los jóvenes a través de experiencias concretas de participación social y laboral. Además la visión de Ruka apunta a un objetivo más amplio: “Ser agente de cambio social que trabaja y lucha por la concientización del respeto y naturalización de las diferencias”, para lograr que las personas con discapacidad “gocen de una vida de pleno derecho”.

La historia del carrito comenzó a principios de este año. Primero surgió la posibilidad de vender café desde la ventana de una de las sedes de la asociación. Después apareció otra idea: llevarlo a la plaza, un lugar que los jóvenes ya conocían y frecuentaban. “Al habitar esta comunidad, siempre venimos a esta plaza con los chicos y surgió esto de hacer el carrito en la plaza”, cuenta Sergio.

Así empezó todo: pensando qué vender, cómo organizarse, quién podía hacer cada tarea y qué responsabilidades tendría cada uno. El carrito se convirtió, finalmente, en un espacio de entrenamiento laboral a cielo abierto y en contacto directo con los vecinos y la comunidad de Parque Chas.

De la incertidumbre al entusiasmo

Pepe reconoce que no sabía qué podía pasar el primer día. “La verdad, no creí que vendería tanto”, admite. Pero la experiencia le gustó y ahora disfruta especialmente de preparar el café. Abril también está entusiasmada. “Me siento muy cómoda. Me pongo muy feliz cuando trabajo”, dice.

Detrás de esas frases hay algo que desde la organización consideran fundamental: entender que la autonomía no se construye de un día para otro.“Son pasitos pequeños que uno da”, explica Sergio. Para algunos jóvenes, aprender a preparar una comida puede representar un enorme avance. Para otros, manejar dinero, viajar solos o asumir una responsabilidad laboral puede ser el desafío siguiente».

No todos necesitan los mismos apoyos ni tienen los mismos objetivos. Por eso, el trabajo se realiza de manera individual y progresiva.

El barrio como parte del proyecto

La iniciativa tampoco sería posible sin el acompañamiento de la comunidad. El Club Social y Deportivo El Trébol, ubicado en la cercanía de la Plaza Éxodo Jujeño, facilita las instalaciones para guardar el carrito y también proporciona la corriente eléctrica necesaria para que pueda funcionar cuando se instala en el espacio público.

Desde el primer día, la recepción de los vecinos fue muy positiva. El espacio permite que los jóvenes desarrollen sus actividades en un ámbito cotidiano, en contacto con la rutina barrial.

De esta manera, el proyecto se sostiene a partir de una red de colaboración que involucra a la asociación, los jóvenes, sus familias, el club y los vecinos.

Una asociación con presencia en seis sedes

La experiencia del carrito se suma a las distintas actividades que Ruka Amigos desarrolla en sus seis sedes: Villa Urquiza es la única ubicada en CABA y San Antonio de Padua, San Miguel, San Martín, Hurlingham y Beccar en la provincia de Buenos Aires.

Allí se realizan propuestas vinculadas con el deporte, las habilidades sociales, el ocio, la vida independiente y el entrenamiento laboral. También se organizan salidas, actividades comunitarias y viajes que buscan ampliar progresivamente la autonomía de los jóvenes.

Después de 15 años, Sergio reconoce que una de las mayores satisfacciones es ver cómo cada persona avanza a su propio ritmo. “Es muy satisfactorio ver cómo avanzan”, cuenta. Y destaca especialmente el papel de las familias, que acompañan cada uno de esos procesos.

El carrito de Parque Chas recién empieza. Ya aparecen nuevas ideas y proyectos para ampliar la propuesta, aunque la intención es avanzar sin apuro. “Vamos caminando, no vamos corriendo”, afirma  Sergio.

Porque ese es, quizás, el espíritu de Ruka Amigos: caminar junto a cada joven hasta que llegue el momento en que pueda continuar por sus propios medios. “Que alguna vez podamos soltar y que pasen por Ruka y digan: ‘Mirá lo que logré’”, imagina con esperanza Sergio.

Por ahora, el camino continúa sobre la calle Bauness dentro de nuestra comuna 15 los martes y miércoles de 17 a 19 horas y cada café servido, cada venta concretada y cada tarea realizada es, para ellos, un pequeño paso más.

Para conocer más sobre la Asociación Civil Ruka Amigos:

Sitio web: www.somosruka.com

También se puede seguir su actividad en:
Instagram: @ruka.amigos
Facebook: Rukavu.caba

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