San Martín, el referente de las figuras históricas

El lugar de nuestro prócer es indiscutible en la historia de la Independencia nacional y continental. Para homenajearlo este 17 de agosto de 2026, a 176 años de su partida, visitaremos un aspecto de su biografía que lo vincula a otros personajes históricos que vieron en él a un líder militar pero también a una referencia política y patriótica.
La labor militar del Gral. José Francisco de San Martín sigue siendo materia de estudio, así como sus intervenciones políticas y su inclaudicable voluntad revolucionaria. Su vida estuvo atravesada de momentos de adversidad y heroísmo, de circunstancias donde tuvo que tomar difíciles decisiones que le generaron duros enemigos incluso en la nación que buscaba liberar. No obstante, en cada uno de esos momentos, también conoció a personas que serían trascendentales en la vida nacional y cuyo encuentro con San Martín les dejó una huella imborrable.
Primeros pasos para pensar la Independencia americana
Aunque suene paradójico, las primeras experiencias militares de San Martín fueron luchando por España. Viviendo en el viejo continente desde sus seis años, el pequeño José ingresó a sus trece años al regimiento de Murcia, comenzando así su carrera meteórica en el ejército español, la cual continuaría en Cádiz. Luego de destacadísimas actuaciones en las batallas contra el invasor napoleónico, sobresaliendo la de Bailén en la que fue condecorado con una medalla de oro y fue la primera derrota en campo abierto del ejército de Napoleón Bonaparte, San Martín volvió al regimiento de Cádiz, centro de intercambio comercial por su puerto, pero también de ideas y contactos secretos.

Durante sus últimos años en Cádiz entre 1809 y 1811, el sentimiento contra el yugo español en América y su ímpetu independentista por aquellas tierras que lo vieron nacer, fue creciendo en nuestro prócer. Parte de esa voluntad creciente fue dada por su relación con otros grandes personajes americanos que planificaban desde Europa como ayudar al proceso que veían surgir con interés en algunos puntos de las colonias, como los alzamientos de Chuquisaca y La Paz en 1809.
De esta manera, nació la Gran Reunión Americana con sede en Cádiz y encuentros en Londres, donde San Martín se reunió secretamente bajo la forma masónica en boga por aquella época, con figuras de la talla de Francisco de Miranda, gran intelectual y principal impulsor de un plan continental; Bernardo de O’Higgins, referente de la independencia chilena; Simón Bolívar y Andrés Bello, líderes fundamentales de la Revolución de la Gran Colombia; Manuel Padilla, gran militar por la independencia del Alto Perú junto a su esposa Juana Azurduy; y Carlos María de Alvear, otro rioplatense al igual que San Martín que compartió ideales independentistas pero con quien luego tuvo discusiones sobre cómo consolidar el poder político y el rumbo de la Revolución.

Compartiendo armas y planes con otros grandes defensores de la Patria
De la Gran Reunión Americana surgió lo que conocemos como Logia Lautaro, organización secreta que llegó a Buenos Aires en 1812 junto a San Martín y Alvear para brindar su aporte a la ya producida Revolución de Mayo. El Libertador rápidamente encontró eco en los criollos que querían no solo la independencia de España sino también el establecimiento de una nación soberana y libre de toda potencia extranjera. Fue con Bernardo de Monteagudo, morenista, abogado y periodista fundador de un periódico que con su nombre hizo una declaración de intenciones, Mártir o Libre, con quien trabó amistad. Líder de otra organización masónica llamada la Sociedad Patriótica, Monteagudo y San Martín unieron fuerzas para radicalizar la postura revolucionaria y hacer caer el conservadurismo del Primer Triunvirato en la sublevación del 8 de octubre de 1812.
En 1813 San Martín conoció a otro personaje con el que forjó una gran amistad y colaboración, Martín Miguel de Güemes. La voluntad libertadora de ambos se consolidó con el mutuo reconocimiento de sus virtudes militares. Habiéndose conocido en Buenos Aires, donde Güemes se encontraba por haber sido expulsado por Belgrano del Ejército del Norte, ambos próceres compartieron un plan continental: ir hacia el norte para repeler de forma definitiva los embates de los realistas.
Fue así como San Martin reincorporó a Güemes a la oficialidad y, junto a otras figuras históricas como Manuel Dorrego, marcharon entre 1813 y 1814 hacia el actual noroeste argentino para relevar a Belgrano en el Ejército del Norte. Güemes demostró gran valía en este trayecto con batallas en Salta y Tucumán, por lo cual San Martín le encomendó mantener un frente de “guerra gaucha” en el norte salteño para poder él iniciar un nuevo frente de avance en el Pacífico luego del Cruce de los Andes.

Pero cómo no mencionar el encuentro entre Manuel Belgrano y San Martín. En enero de 1814, cuando se encontraron por primera vez en la posta de Yatasto en Salta, Belgrano le transfirió al Libertador el mando de un deteriorado Ejército del Norte. A pesar de las duras derrotas y la falta de experiencia de Belgrano, por las cuales era duramente criticado por el gobierno en Buenos Aires, San Martín ponderó su actuación llegando a decir en sus cartas que Belgrano era “lo mejor que tenemos en América del Sur”.
San Martín supo ver en Belgrano la entrega total a la causa y la integridad de una persona que no buscó ningún beneficio personal. Asimismo, Belgrano encontró en San Martín al líder profesional, patriota y ejemplar que la revolución necesitaba para finalmente hacerse realidad. Su amistad y complicidad revolucionaría siguió por correspondencia de forma constante hasta la muerte de Belgrano en 1820.

El exilio de San Martín y el cambio en su reconocimiento
El papel de San Martín en la independencia americana es indiscutible. Pero lamentablemente, sus servicios a la causa independentista no fueron reconocidos por los incipientes gobiernos locales, por las aristocracias americanas que se encontraban abrazando el nuevo poder y por otros líderes militares americanos. Todos ellos veían en San Martín una amenaza a su posición y a la nueva organización centralista.
Nuestro prócer, desde el altruismo y la nobleza de alguien que no buscó el mero prestigio y el cargo para sí mismo, y también desde el cansancio de quien lo dio todo, se resignó a alejarse del gran escenario. En 1823, luego de volver a Mendoza desde Perú con pocas pertenencias y en una situación de cierta pobreza, solicitó al gobierno de Buenos Aires encabezado por Martín Rodríguez y Bernardino Rivadavia volver a la gran ciudad para ver a su esposa Remedios de Escalada, que se encontraba gravemente enferma. Los porteños le negaron la visita ya que lo veían como un conspirador de los caudillos federales. San Martín igualmente vino secretamente a Buenos Aires, pero su esposa ya había fallecido. Ante esta situación de lucha facciosa y de desconsideración a su persona, nuestro prócer decidió el retiro hacia Europa junto a su hija Mercedes en 1824.

Este breve contexto para explicar el momento de su partida a Europa es importante para enfocar y entender el posterior cambio de idea sobre San Martín que tuvieron aquellos que sobrevinieron a la generación revolucionaria. Cuando San Martín se autoexilió en Francia, debiendo ser ayudado económicamente por amistades españolas de su vida anterior al recorrido americano, su figura estaba envuelta en las vicisitudes de la lucha interna entre unitarios y federales, y en su dura relación con el poder ejercido desde Buenos Aires. Pero las generaciones posteriores comenzaron un ejercicio de reconocimiento a su gran labor y a su protagonismo en la lucha independentista.
Entrevistas históricas en los últimos años de vida de San Martín
De esta forma, entre muchos otros personajes que comenzaron a reunirse con San Martín en Europa, se destacaron dos grandes intelectuales, periodistas, escritores y políticos de la historia argentina: Juan Bautista Alberdi, creador del texto en el que se basó la Constitución Nacional de 1853, y Domingo Faustino Sarmiento, presidente de la Nación entre 1868 y 1874.
El 1 de septiembre de 1943, Alberdi se encontró en Grand Bourg, en las afueras de París, con el Gral. San Martín. En aquellos de tiempos de rosismo en Buenos Aires, Alberdi se había exiliado primero en Uruguay y Chile, y luego viajó a Europa para conocer las novedades políticas del Viejo Continente. En este itinerario aprovechó para encontrarse con el Libertador, con quien tuvo una extensa y amena charla que incluyó un viaje en ferrocarril. La sorpresa por el porte de San Martín, ya entrado en años, delgado, de no gran estatura y de sencillez en los gestos sorprendió Alberdi, quien dejó constancia de ello en una famosa carta. Su comportamiento modesto pero comprometido con los hechos acontecidos en América causó gran admiración en Alberdi.

No obstante, en su charla no se abordaron temas de la política de aquel momento, es decir, el rosismo al cual era contrario Alberdi. Ya que San Martín no hablaba de política con quien no fuera de su absoluta confianza. Y además porque fue un profundo admirador de lo logrado por Juan Manuel de Rosas como gobernador y restaurador de las leyes, alcanzando la unidad de las provincias frente a una agresión externa como fue el bloqueo francés al puerto de Buenos Aires en 1838, repitiendo este hito frente a una alianza anglo-francesa en 1845. Tal fue su admiración que, en su testamento, San Martín donó al gobernador de Buenos Aires su sable corvo inglés, el cual lo había acompañado durante toda su travesía americana.
Por su parte, Sarmiento se reunió con el Libertador el 24 de mayo de 1846, gracias a una carta de recomendación de Las Heras. San Martín ya era un adulto mayor que cada vez seleccionaba con mayor restricción a sus entrevistadores. Sarmiento hacía años que quería conocerlo, siempre lo había admirador por su labor en Cuyo (de donde provenía Don Domingo, la provincia de San Juan), e incluso había un interés de nostalgia histórica: el primer artículo escrito por Sarmiento en Chile fue la batalla de Chacabuco ganada por San Martín.

La reunión realizada a solas en Grand Bourg fue extensa y de acuerdo con lo comentado por un joven Sarmiento de 35 años, se abordaron múltiples cuestiones históricas como la preparación para el cruce de los Andes, la organización americana, y cuestiones vinculadas a cómo desarrollar a las nuevas naciones. San Martín quedó impresionado por el conocimiento de Sarmiento y agradecido por su función al lograr el reconocimiento político al Libertador en Chile gracias a sus artículos. A su vez, Sarmiento enalteció el altruismo del gran héroe que prefirió el destierro a la lucha por el poder.
Sin embargo, nada se conversó sobre la política de las Provincias Unidas. Sarmiento era un duro opositor al rosismo, y nuevamente San Martín guardó para sí sus opiniones. Incluso, se puede inferir que se generaron desacuerdos en un punto de la historia sobre el cual en 1847 Sarmiento dio una conferencia en el Instituto Histórico de Francia, el encuentro de San Martín con Bolívar en Guayaquil en 1822. Sarmiento invitó a San Martín, pero el general no concurrió a la conferencia.
José de San Martín falleció en 1850 en Boulogne sur-Mer, en territorio francés. Sus restos fueron traídos a la Argentina en 1880 y reposan en la Catedral de Buenos Aires. Observando su ejemplo y su historia podemos encontrar una base esencial para repensar cómo debemos construir una nación independiente y soberana, despojada de toda mezquindad personal.




